Untado un poco de necesidad y de precario uso de la palabra, nos adentraremos el las sensaciones de lo visual sonoro y táctil, y hablaremos del rock y todos los pecados que él nos conlleva
domingo, 31 de marzo de 2013
sábado, 30 de marzo de 2013
Criptograma!
me decidí por encriptar mis sueños en significados
irrelevantes, opte por hacerme la vida fácil porque la vida difícil no posee
recompensa alguna, por esto y más tome lápiz y papel y decidí encerrarme en lo lírico de las letras, olvidar toda responsabilidad y sentimiento alguno para
vivir del aroma de los nardos y de la frescura de los jazmines. Hoy decidí
pasar por alto los obstáculos, quedarme estancado mientras encripto mis ideas,
las hago círculos, curvas y formas que ni yo recordare su traducción, que
dejare al lado del camino pedregoso y sin uso, dejare mis notas y se pudrirán
bajo la lluvia, se desgarraran por el efecto del viento y perderán su carácter
sustancial. Hoy me decidí por no perseguir a mi espíritu guía, dejo al lado su
modesta luz de madrugada para perderme en la niebla, para evitar más esfuerzos
y desagravios, méritos de uno sin valor ni concesión. Hoy me perderé en la
bruma, en el espectro de los árboles, de los bosques sacrosantos, de las luces
sin vitalidad, deseo dejar de planear e internarme en la torre más alta, clausurarme
y sentarme a escribir notas sin sentido, sin valor, sin composición, notas
lúgubres e invernales, escritas con lápiz y sangre a pulso, sangre perdida en
los sueños que ando encriptado, ese de ser un ave sobre las cumbres blancas, de
ser pastor de animales mitológicos, de beber de ríos de plata, de crear lagunas
sin fondo, de ser tamborilero de dioses arcaicos. Hoy decidí dejar atrás todos
mis instrumentos, volver a la caverna y vivir en la penumbra, vivir como
sombra, alimentarme de brea, volver a la
carne y a la masa que nunca cambia, la intangible masa primigenia, de colores fugaces,
de estrellas impregnadas de almas muertas, almas de caballeros y cruzados, de
damas y pájaros, de zopilotes sagrados, del fénix en agonía, de la tierra
compacta, sin prisa. Hoy viviré en caverna y dejare a mi paso navíos vikingos,
dejare de ser parte de la creación de Dios, parte de ese cincel que todo destruye,
que nada genera, materia inservible, materia errada por el acto creativo. Hoy
dejare de ser hombre, dejare de soñar y dejare todo a mi paso, cuerpo liviano,
masa vítrea e imperfecta, costra de la creación. Hoy decidí no contar más con
cualquier forma humana posible, ni interactuar con la misma, es una raza
insulsa, torpe y macabra, pero, nunca dejare de ser parte de ella, mi alma está
marcada con su nauseabundo olor con la lastimera carga de herir y ser herido
con los insoportables sentimientos no cárnicos y necesidades mundanas, aprecia
por última vez mi forma material, obsérvala y haz que sea parte de tus
recuerdos, de tus sueños no encriptados, de tus deseos más profundos, de tu
sangre, de tu propia costra, para seguir siendo parte de la creación, esperando
algún día mi inmundo ser sea reivindicado, que la masa destructiva genere algo,
más que materia muerta, genere algo de vida, le de espacio a una creación
simétrica, de colores, de esencia, de matices y de eterna veneración.
viernes, 29 de marzo de 2013
25 17
El camino del hombre recto está
por todos lados rodeado por la avaricia de los egoístas
y la tiranía de los hombres malos.
Bendito sea aquel pastor que,
en nombre de la caridad y de la buena voluntad,
saque a los débiles del Valle de la Oscuridad.
Porque Él es el verdadero guardián de su hermano y
el descubridor de los niños perdidos.
¡Y os aseguro que vendré a castigar con gran venganza y furiosa cólera a aquéllos que pretendan envenenar y destruir a mis hermanos!
¡¡Y TÚ SABRÁS QUE MI NOMBRE ES YAVÉ, CUANDO MI VENGANZA CAIGA SOBRE TI!!
domingo, 10 de marzo de 2013
POR UNA POLÍTICA SIN AMOR
Maquiavelo lo entendió muy bien en su momento: el amor no puede ser el pegamento fundamental de la relación política. El hombre podrá encontrar en el amor la experiencia vital más dulce e intensa, pero el Estado no se edifica con esa llama. No lo decía el instructor de tiranos del que hablan quienes no entienden a Maquiavelo, sino el gran republicano, el máximo promotor del gobierno cívico. El florentino advertía que el amor era caprichoso y por ello inconfiable para levantar la casa del Estado. Por ello creía que el príncipe debía ser temido, antes que amado. No el amor, sino el temor, era el verdadero cimiento de la política. Pero, ¿de qué temor hablaba Maquiavelo? De ninguna manera reivindicaba el temor al poder desmedido, caprichoso y arbitrario de un déspota porque ese abuso conduciría tarde o temprano al odio de la gente. Maquiavelo pensaba en el temor al poder firme y bien medido del Estado. Temor que se desprendería después de la figura del príncipe para alojarse en instituciones, en una entidad impersonal que habla con reglas, que se sujeta a normas comunes. La modernidad que se insinúa desde entonces aspira a la transmutación de ese miedo: temer al Estado es ganar confianza en sus instituciones, en esos órganos del poder público que aplican castigos en nombre de todos. La ley no es la caricia de los gobernantes. Nuestros impuestos no son besos al fisco. El líder político no es nuestro padre cariñoso y protector al que debemos lealtad de hijos fieles. El Estado no es nuestro amante. Por favor: dejemos al amor en su sitio.
Una de las virtudes fundamentales de la democracia, ha dicho el filósofo catalán Xavier Rubert de Ventós, es precisamente que mantiene el divorcio entre la relación institucional y la relación personal. El caudillismo reenciende la llama emotiva de la política: pretende activar de nuevo la lealtad afectiva y restituir ese vínculo emocional que, como el amor, no acepta prohibiciones. Se habla así del matrimonio de la nación y su conductor. Frente a esa funesta ilusión, la democracia acepta su frialdad: separa afecto y ley. En su Ética sin atributos (Anagrama, 1996) Rubert de Ventós defiende esa ruptura esencial. Su manifiesto exige el desamor para la política. Para que una república funcione, lo público debe mantenerse a salvo de los sentimientos. Bajo la democracia, el vínculo entre gobierno y sociedad es el de la representación electoral. Solo se entiende como un encargo, nunca como una devoción. Reconocer el poder político, respaldarlo incluso, no implica adorarlo. Y reconocerse parte de una sociedad no supone el ignorar diferencias o abdicar de los antagonismos bajo el discurso de la fraternidad patriótica. El conflicto, el desacuerdo, las antipatías y aversiones son parte vital de una sociedad vital. Solo el conservadurismo más terco podría condenar esas tensiones y emociones sociales como traiciones a los deberes del amor.
Una de las virtudes fundamentales de la democracia, ha dicho el filósofo catalán Xavier Rubert de Ventós, es precisamente que mantiene el divorcio entre la relación institucional y la relación personal. El caudillismo reenciende la llama emotiva de la política: pretende activar de nuevo la lealtad afectiva y restituir ese vínculo emocional que, como el amor, no acepta prohibiciones. Se habla así del matrimonio de la nación y su conductor. Frente a esa funesta ilusión, la democracia acepta su frialdad: separa afecto y ley. En su Ética sin atributos (Anagrama, 1996) Rubert de Ventós defiende esa ruptura esencial. Su manifiesto exige el desamor para la política. Para que una república funcione, lo público debe mantenerse a salvo de los sentimientos. Bajo la democracia, el vínculo entre gobierno y sociedad es el de la representación electoral. Solo se entiende como un encargo, nunca como una devoción. Reconocer el poder político, respaldarlo incluso, no implica adorarlo. Y reconocerse parte de una sociedad no supone el ignorar diferencias o abdicar de los antagonismos bajo el discurso de la fraternidad patriótica. El conflicto, el desacuerdo, las antipatías y aversiones son parte vital de una sociedad vital. Solo el conservadurismo más terco podría condenar esas tensiones y emociones sociales como traiciones a los deberes del amor.
Efectivamente, la cuna de ese sentimentalismo que busca restituir la base emocional de la política es abiertamente conservadora. Pero los conservadores lo han hecho tradicionalmente a partir de un afecto quizá más constante y menos subversivo que el amor: la amistad. La república ideal se concibe como una república de amigos. Ése es, en efecto, el modelo de la política conservadora: una política de amistad, encariñada con todo lo existente, una política apegada a las tradiciones y respetuosa de las herencias. Una política que no se pelea con nadie porque a todos ama por igual. Una política tan afable con los débiles como con los poderosos. La política de la amistad es aquella que está atenta a todos pero no quiere cambiar nada porque hacerlo sería un acto de hostilidad contra algunos. Por ello esta política beatífica es la divisa básica del conservadurismo: conversar con las circunstancias, no pelear nunca con nadie para cambiar la realidad.
La democracia no es la alcoba de lo s amorosos ni un callejón de odio. En democracia hay lugar para el acuerdo pero también hay sitio para el conflicto. Es un espacio común que permite la expresión de las discrepancias y el descubrimiento de las coincidencias. No es la conquista amorosa de lo público, sino muralla que separa lo íntimo de lo político.
TOMADO DE http://www.elmalpensante.com
Happy Home
En mi hogar feliz yo solo respiro
En los brazos de mi amante yo encuentro auxilio
Y hay un cielo que esta cambiando y un pajaro canta
Ni una vez yo en mi voluntariosa vida estuve titulando para escapar
En los brazos de mi amante yo espero por la mañana
Yo le roge a mi dios hablar y llorar aparte
Deje caer mi cuerpo deje caer mis brazos
Ni una vez en mi dulce corta vida hice daño a nadie
En mi hogar feliz leo los signos
En los brazos de mi amante me muevo en tiempo
No hay mas llanto y no hay mas mentiras
Ni una vez en mi dulce corta vida espere por el anhelo
Y no hay mas llanto
Y no hay mas dolor
Nunca pense q por un segundo no tendria nada dejado pero
En mi hogar feliz solo respiro
Ni una vez en mi voluntariosa vida estuve titulando para escapar
Happy Home - Garbage
Suscribirse a:
Entradas (Atom)












